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Como tratar a los que no entienden el plan salvacion

 

CÓMO TRATAR A LOS QUE CREEN EN DIOS Y EN CRISTO, PERO NO COMPRENDEN EL PLAN DE SALVACIÓN

Hay muchas personas, en especial en los países de habla española, que creen en Dios y en Cristo de un modo general, porque así se lo han enseñado desde la niñez, pero no tienen una relación personal con Jesucristo, ni esta esperanza viva a que se refería el apóstol San Pedro, pues no comprenden el plan de salvación de Dios. Generalmente tienen una esperanza vaga de que no ha de irles del todo mal en cuanto a sus almas, porque no han sido grandes pecadores.

¿Cómo trataríamos a esta clase de personas para llevarles a la fe cristiana genuina?

En primer lugar es necesario hacerles comprender que aun cuando sean personas honorables y de buena reputación delante de los hombres, son pecadores ante Dios. Hemos tenido ya ocasión de citar este punto, al dialogar con escépticos, que no están nada seguros de si hay o no hay otra vida; y confían, para el caso que la hubiera, en su bondad natural para justificarse ante Dios. Puntualice que las Sagradas Escrituras describen la condición del ser humano de modo muy diferente a como nosotros solemos opinar. Cite a tales personas los siguientes textos:

•Proverbios  16:3: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, pero Jehová pesa los espíritus”.

•Romanos  3:23: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”.

•Lucas 16:15: “Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, porque lo que los hombres tienen por muy estimable, delante de Dios es abominación”.

•Mateo 9:12, 13: “Al oír esto, Jesús les dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa, Misericordia quiero y no sacrificio, porque no he venido a llamar a justos sino pecadores al arrepentimiento”.

Hágales notar que el primer mandamiento de Dios es amarle a Él sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. ¿Quién lo cumple? Haga énfasis en el pasaje de Juan 3:3-7: “El que no naciere otra vez no puede ver el Reino de Dios”. Sin duda, Nicodemo era un hombre religioso y honrado, tanto o más que los hombres honrados que existen hoy en el Cristianismo protestante o católico nominal; sin embargo, Jesús le declaró que le era indispensable nacer otra vez; es decir, entrar en una nueva relación con Dios por medio de Aquel que un día sería levantado sobre la cruz del Calvario para realizar una obra expiatoria en favor de los pecadores; y le aclaró el sentido de sus palabras con aquel texto clave de la doctrina de la salvación: “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

En una conversación íntima, si la ocasión es apropiada, use el método de personalizar ese texto. Sobre todo si se trata de una persona sencilla. Es un método excelente.

Divida el texto por frases y pregunte:

—¿A quién amó Dios?

—Al mundo. ¿Usted forma parte del mundo?

—Naturalmente.

—Pues bien, porque Dios es infinito puede y quiere tratar a las personas individualmente. Nosotros no podemos hacerlo, porque somos finitos, y no podemos pensar ni dialogar sino con muy pocas personas. Si nos hablan tres o cuatro a la vez, tenemos que parar atención a una y después a otra, pero Jesús nos enseña que Dios puede atender a miles, y aun a millones, a la vez. Este es un misterio que no cabe en nuestra mente finita, pero quizá algún día lo comprenderemos: De momento no podemos hacer otra cosa que aceptar su enseñanza, de que Él puede ver y atender a cada uno en particular. Por lo tanto, podemos sustituir la palabra mundo por su propio nombrede usted y escribir:

• De tal manera amó Dios a …………………… (el nombre que corresponda).

• Que ha dado a su Hijo Unigénito (aquí podemos  añadir el nombre Jesucristo).

• Para que si ……………………… (el nombre dela persona) cree en Él, no se pierda –esta frase expresa un gran peligro, del que la gente tiene diversas opiniones, y Jesús lo expresa en diversas figuras, pero siempre en un sentido de horror.

• Mas ……………… (el nombre de la persona)tenga, ¿qué? … vida eterna. Trace una línea perpendicular y escriba a un lado

PERDICIÓN — VIDA ETERNA

Es una alternativa que debemos afrontar, ¿qué elegiremos? ¿Cuál es el porvenir que usted prevee para su propia alma? Es posible que aquí surjan toda suerte de excusas; posiblemente le dirán: Es que yo ya creo en Cristo. Siempre he tenido fe. Quizá aquí os cuenten algún hecho meritorio, o alguna práctica que suelen llevar a cabo todos los días, para probar que han sido siempre personas religiosas. En tal caso haga notar la diferencia entre

Creer en Cristo y creer a Cristo

Creer que existió Jesucristo en Palestina, hace casi 2.000 años, que enseñó buenas cosas acerca de Dios ,que le crucificaron y, aunque resucitó y está en el cielo, es una base apropiada para la fe; pero no es la fe genuina, la fe que salva.

Esta consiste, no solamente en creer en Cristo, sino en creer a Dios, esto es, poner fe en sus palabras, tener como ciertas sus promesas.

Hay millones de personas que creen en Cristo como un personaje histórico, del mismo modo que pueden creer en Sócrates, Platón o Napoleón, es decir, toman a Cristo como un personaje histórico y nada más.

Pero lo que pide la Palabra de Dios es que creamos a Cristo. Es decir, que pongamos plena confianza en las promesas que Él hizo, y vivamos y muramos en esta confianza, de que Él no trató de engañar a sus discípulos, ni éstos a los que aceptaron su testimonio.

Pregúntele directamente: “¿En cuál de los dos sentidos cree usted en Jesús?” Si la persona insiste en una religiosidad basada en buenas obras, más bien que en la fe, cítele las palabras de Jesús a los judíos cuando le preguntaron: “¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado” (Juan 6:28).

El caso de Cornelio

Preséntele ejemplos bíblicos de personas excelentes que a pesar de su moralidad necesitaron de Cristo para ser salvos. Por ejemplo: Cornelio (Hechos 10:1-6). Haga notar que el mismo ángel le dijo: “Tus oraciones y tus limosnas han subido como un memorial delante de Dios”. Eso significa que Dios no desestima las buenas obras, sino que las tiene en consideración, y quizá por tal razón, Dios ha hecho que usted pueda escuchar el Evangelio de mis humildes labios, o leer estos libros que le explican las buenas nuevas de su amor. Ahora bien, fíjese en que el ángel le dijo a Cornelio: “Él te dirá lo que debas hacer”. ¿Qué es lo que le faltaba al buen centurión? ¿Qué le dijo Pedro?: “De éste dan testimonio todos los profetas, que todo el que cree en Él recibirá perdón de pecados por su nombre”. Esto es lo que Cornelio necesitaba añadir a sus buenas obras. Esto es lo que aún falta hoy día a muchos que piensan salvarse por sus buenas obras: poner una fe viva, esdecir, una fe absoluta, en las palabras de Jesús. Si usted tiene fe en Cristo de un modo general, pero no ha entrado en una relación personal con Él, habiéndole aceptado como su único y suficiente Salvador, se encuentra en la misma situación de Cornelio y debe añadir, a sus buenas obras, la fe que salva y justifica delante de Dios, para que sus buenas obras adquieran un doble valor y le proporcionen una buena recompensa en el cielo; pero la entrada allí sólo se obtiene por la fe puesta en los méritos de Cristo, no por nuestros propios méritos.

Puede citarle también el pasaje de Filipenses 3:4-8, donde después de explicar cuán buen judío era el apóstol Pablo, y cómo se esforzaba en agradar a Dios, aun en el celo que mostraba para perseguir a los herejes (cristianos), Él considera todas sus cualidades religiosas como basura, a fin de “ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, basada en la Ley, sino la que es por medio de la fe de Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe” (Filipenses 3:9).

Haga observar a su interlocutor que si la salvación fuera por la justicia propia, no habría sido necesario que Cristo muriera por los pecadores; y que prácticamente es una ofensa a Él y un desprecio de su sacrificio si tratamos de ganar por nuestras propias obras lo que Él ganó con su obra expiatoria. Léale el pasaje de  Gálatas 2:21, que dice así: “No desecho la gracia de Dios (esto significa no quiero desechar la gracia de Dios), pues si por medio de la Ley se obtuviese la justicia, entonces Cristo murió en vano”.Asi mismo son muy contundentes e ilustran bien este principio los textos de Romanos 3:20 y 4:2-6. Conviene darlos a leer de la misma Biblia a la persona correspondiente.

Pero al llegar a términos tan drásticos, es necesario citar Efesios 2:8-10, para contra rrestar la mala impresión que suele producir en los católicos la idea de la salvación por la fe, acusándonos de que proclamamos una fe barata, una fe sin obras.

Explíquele el papel de las obras con el ejemplo de un deudor atribulado a quien un gran millonario, compadecido de su situación, le saldara todas sus deudas por un acto de generosidad. Sería una necedad, y casi una ofensa, si el antiguo deudor tratara de devolver a su bienhechor lo que éste habría saldado por su acto de benevolencia. Pero siempre sería bien aceptado un pequeño obsequio de Navidad, o decumpleaños, que demostrara la gratitud del beneficiado para con su bienhechor. Así son nuestras buenas obras para con Dios, no hay que practicarlas como un mérito o manera para ganar nuestra salvación, ni siquiera para contribuir a ella, puesto que Jesucristo la obtuvo por nosotros; sino un modo de mostrar nuestro amor y gratitud a quien ganó para nosotros una salvación completa y perfecta.

Estos reparos y objeciones  al plan de Dios para la salvación según el Evangelio son presentados, tanto por los cristianos nominales del catolicismo, el protestantismo, como por los judíos, espiritistas, y por los partidarios de nuevas sectas que han abandonado el antiguo Evangelio sustituyéndolo por alguna novedad de tipo orientalista. Todos ellos suelen objetar a la salvación por la fe como demasiado simple y hasta inmoral. Es mucho más justo –dicen– que Dios salve por las obras a las personas que se lo merecen.

R. En tales casos preséntense los versículos citados en el capítulo anterior y hágase énfasis en la expresión “para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9) y Romanos 4:1-8.

Recuerde el ejemplo del ladrón en la cruz, que fue salvo sin haber podido hacer nada más que poner su confianza en Jesucristo.

Es posible que su interlocutor le diga:

O. Si la salvación es por gracia, mediante la fe en Cristo, lo más conveniente es, pues, aprovechar esta vida para “pasarlo bien”, sin tener en cuenta las restricciones de la religión, y aceptar a Cristo en los últimos momentos de nuestra existencia.

R. Esto sería un grave error por los siguientes motivos:

a) Nuestra vida es incierta y puede terminar en cualquier momento inesperado, sobre todo hoy día que nos vemos obligados a arriesgarla continuamente –cosa que no ocurría en tiempos de nuestros abuelos–. Además, existen enfermedades fulminantes, como los infartos de corazón.

b) Dios conoce los pensamientos de nuestros corazones, y lo más probable es que, al que llevara este propósito egoísta, Dios no le diera tiempo para convertirse.

c) Hágale constar que la salvación por la fe deja en los corazones de los salvados por gracia, un amor y una gratitud, generadora de buenas obras, tanto más valiosas mientras nos hallamos en este mundo y las realizamos en difíciles circunstancias, aunque es de creer que continuaremos el servicio por gratitud y amor en la eternidad.

Esto es lo que parece indicarnos Efesios 1:12 donde leemos: “A fin de que seamos para la alabanza de su gloria, nosotros los que ya antes esperamos en Cristo”, y Efesios 3:10: “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”. Y Apocalipsis 22:3 “Y sus siervos le servirán y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”. Aun cuando la Palabra de Dios nos presenta estas posibilidades para el futuro, Dios aprecia tanto  más nuestras buenas obras aquí, porque son una expresiónde  la fe, en esta época de nuestra existencia a la que podríamos llamar el “test” de la eternidad. Notemos la declaración de Jesús a Tomás: “¿Porque viste, Tomás, creíste? Bienaventurados aquellos que no vieron y creyeron” (Juan 20:29).

Cómo evangelizar a socialistas y comunistas

En el trabajo de evangelización personal encontraremos personas de tendencia izquierdista o socialista que argüirán en contra de la doctrina de la salvación por la fe en Cristo diciendo que es demasiado sencillo eso de creer en un hombre Justo que padeció por nosotros hace dos mil años para justificarnos de nuestros pecados. Que si hay un Dios justo que ha de pedir nos cuentas en el más allá, deberá tener en cuenta mucho más nuestros hechos, que no nuestra fe en una religión.

A los tales hay que mostrarles todo lo que la Palabra de Dios enseña en cuanto a la necesidad de las buenas obras, leyéndoles en la Escritura los pasajes de Santiago 2:1-20 y 5:6, pero haciéndoles notar que Santiago no defendía las obras sin fe, sino que ataca la fe sin obras, la fe hipócrita, la fe que trata de escabullirse de las obras, descuidando los principios éticos y sociales de Jesucristo y de los apóstoles. Hay que convenir en la idea de que los graves fallos éticos de muchos cristianos de nombre, en siglos pasados, dieron lugar a la reacción social de Marx y  Lenin,       que tenían toda la razón en muchas cosas, pero lamentando que su punto de vista filosófico-ateo, haya perjudicado no sólo al Cristianismo, sino al propio comunismo, porque la carencia de temor de Dios permitió a jefes como Stalin llevar a cabo crueles “purgas” de partido y otros abusos que han tenido que ser rectificados por sus sucesores, a pesar de que éstos no respetan tampoco plenamente los derechos humanos.

Es justo reconocer que en nuestras propias iglesias hemos sufrido de quienes al amparo de la fe, han tenido en poca estima las obras que deben seguir a la fe, es decir, los frutos del Espíritu, que son la demostración de la fe verdadera, como leemos en Gálatas 5:19-25; pero esto ya ocurría en los días de Pablo, como vemos en 2ª Corintos en los capítulos 10 al 13 y no es motivo para que rechacemos la enseñanza del Evangelio acerca del plan de la salvación declarado por Jesucristo en Lucas 24:46-48, Juan 3:12-21, y en muchos otros textos.

Puede hacerse observar que Cristo mismo da un claro valor a las obras en este mismo pasaje en que nos explica el plan de la redención por la fe (Lucas 23:21).

Si bien es cierto que ha habido y hay en el Cristianismo personas hipócritas que han abusado de la doctrina cristiana de la Fe, ha habido otros cristianos, a través de todos los siglos, que la han enaltecido y honrado.

La fe cristiana es una semilla cuyo fruto es la caridad. Si el fruto no aparece, es que la semilla está muerta. Las declaraciones de Cristo con referencia a esto son muy explícitas. La fe produce la beneficencia ,el amor al prójimo y el amor a la justicia.

Examínense las páginas de la historia y se verá que los grandes bienhechores de la humanidad han sido cristianos verdaderos, desde los grandes hombres de la Iglesia Primitiva hasta San Francisco de Asís, San Damián, Vicente de Paul, Livingstone, Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja Internacional o Martin Lutero King. Mientras que en las filas de los escépticos y ateos figuran todos los que, faltos del temor de Dios, se han lanzado a las iniquidades e injusticias de la opresión o del terrorismo. Nuestro deber es presentar el propósito divino con perfecto equilibrio, para que nunca seamos nosotros responsables de inducir a otros en el error, por hacer un énfasis excesivo en una parte de la revelación de Dios, olvidando la otra parte.

 

 






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